Crista Clarividente

jueves, 10 de enero de 2013










Los "espacios entre vidas"...

Ningún otro lugar en la Tierra se parece tanto al Cielo como los aeropuertos. Sí, he escrito bien, los "aeropuertos". 
Concretamente se parecen a los espacios y momentos previos antes de cada encarnación. 
Millones de almas, en el Cielo, millones de personas (almas encarnadas), en la Tierra, dirigiéndose a sus respectivas puertas-túneles de embarque. 

Miles de historias vividas y por vivir.
Asistidos siempre por seres especializados en asesorar sobre el viaje más adecuado. Estos seres o guías, especializados en diferentes funciones, nos acompañan durante todo el proceso hasta el "embarque".

Las motivaciones de las almas para "viajar" son bien diferentes.
Unos viajan por amor: reencontrarse con seres queridos, continuar amores pasados, mejorar relaciones pasadas, formar una familia, vivir varias relaciones nuevas...

Otros viajan por dolor: asuntos inconclusos por resolver-equilibrar-compensar, seres queridos a quienes despedir, a quienes acompañar en su lecho de muerte o en sus enfermedades o en sus tribulaciones.
Muchos viajan por el mundo o hacia nuevas vidas como verdaderos exploradores, aventureros ávidos de nuevos territorios, nuevas sensaciones, nuevos seres por conocer, nuevas experiencias por incorporar a la maleta de la sabiduría del alma, nuevos retos por superar.

Muchos otros viajan por puro placer, necesitados de descanso y de paz. Seguramente ya trabajaron mucho en su última vida y precisan de una vida de premio para atesorar energías y memorias positivas para continuar más adelante con sus siguientes retos y saltos evolutivos.

Todos, tarde o temprano, viajamos por todos estos motivos pues somos tan y tan inmortales, tan y tan eternos, tan y tan aventureros que gozamos viviéndolo y experimentándolo todo vida tras vida, planeta tras planeta, Universo tras Universo. Namaste.

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